En marketing, muchas marcas siguen creyendo que la mejor forma de vender es verse serias, elegantes o aspiracionales. Pero en la economía de la atención, donde todos compiten por segundos de interés, ser divertido puede ser mucho más rentable que ser sofisticado. Mientras algunas empresas invierten millones en campañas tradicionales, otras han descubierto que el humor puede convertirse en una ventaja competitiva difícil de copiar. Una de las marcas que mejor ha entendido esto es Dr. Squatch, que pasó de fabricar jabones en un garage a convertirse en una empresa valuada en más de mil millones de dólares, construyendo su crecimiento sobre una estrategia que muchas marcas todavía subestiman: hacer reír para vender.
La historia comienza en 2013 con Jack Haldrup, un joven de 25 años que, como muchos emprendedores, no estaba intentando crear una gran empresa, sino resolver un problema personal. Haldrup tenía problemas en la piel y estaba cansado de utilizar jabones tradicionales llenos de detergentes sintéticos y fragancias artificiales que empeoraban su condición. Sin embargo, mientras investigaba alternativas, notó algo más interesante: el mercado del cuidado personal masculino no solo tenía productos similares, también tenía marcas prácticamente indistinguibles entre sí. La comunicación era genérica, los mensajes eran repetitivos y la personalidad era inexistente. Ese vacío no solo representaba una oportunidad de producto, sino también de narrativa.
Así nació Dr. Squatch, una marca inspirada en el Sasquatch o Pie Grande, una criatura mítica asociada con lo salvaje, la naturaleza y lo auténtico. El nombre, desde el inicio, dejaba claro que no se trataba de una marca tradicional. Al principio, la empresa operaba con recursos limitados: los jabones se fabricaban en un garage, las ventas eran exclusivamente en línea y el crecimiento dependía principalmente del boca a boca. Pero desde el principio, Haldrup entendió que competir contra gigantes como Unilever o Procter & Gamble con presupuesto era imposible, así que decidió competir con personalidad.
Mientras otras marcas hablaban de hidratación, suavidad o tecnología avanzada, Dr. Squatch hablaba de dejar de bañarse con químicos. Mientras la industria utilizaba modelos perfectos y escenarios aspiracionales, la marca apostaba por personajes exagerados, humor absurdo y mensajes provocadores. Este enfoque se volvió aún más claro cuando crearon la llamada “Shit List”, una lista de ingredientes que, según la marca, estaban presentes en los jabones tradicionales y que consideraban innecesarios o dañinos. En lugar de adoptar un tono corporativo, decidieron utilizar lenguaje directo, humorístico y hasta provocador, lo que rápidamente comenzó a llamar la atención en redes sociales.
Pero más allá del humor, Dr. Squatch también construyó una estrategia de marketing muy alineada con el entorno digital. La marca apostó por el modelo direct-to-consumer, vendiendo directamente al consumidor sin intermediarios y utilizando publicidad constante en plataformas como YouTube, Facebook e Instagram. Esta estrategia no solo les permitió escalar rápidamente, sino también probar distintos mensajes, medir resultados y optimizar su comunicación en tiempo real. En lugar de lanzar campañas masivas, Dr. Squatch lanzaba múltiples versiones de anuncios, analizaba cuáles funcionaban mejor y duplicaba la inversión en los más exitosos, una metodología muy común en startups digitales pero poco utilizada por marcas tradicionales de cuidado personal.
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El verdadero punto de inflexión llegó en 2021, cuando lanzaron un comercial protagonizado por James Schrader, con una producción que recordaba a los anuncios del Super Bowl. El video, que comenzaba con una frase provocadora sobre los jabones tradicionales, combinaba humor, crítica a la competencia y storytelling exagerado. El resultado fue un éxito inmediato: millones de reproducciones, viralización en redes sociales y un crecimiento acelerado en ventas. Ese mismo año, Dr. Squatch superó los 100 millones de dólares en ingresos anuales, consolidándose como una de las marcas direct-to-consumer más exitosas en la categoría de cuidado personal masculino.
A partir de ese momento, la marca comenzó a expandirse rápidamente, no solo en ventas sino también en portafolio. Dr. Squatch dejó de ser únicamente una empresa de jabones y comenzó a lanzar desodorantes, shampoos, lociones, colonias y hasta pasta de dientes. Sin embargo, lo interesante es que la expansión no sacrificó la personalidad de la marca. Los productos mantenían nombres exagerados, aromas poco convencionales y narrativas creativas, con fragancias inspiradas en madera, whisky, bosque o alquitrán de pino, reforzando la idea de una masculinidad más natural y menos artificial.
Otro elemento clave en su crecimiento fue la estrategia de colaboraciones. Dr. Squatch comenzó a lanzar ediciones limitadas con franquicias populares como Batman, Star Wars y Harry Potter. Estas colaboraciones no solo generaban ventas, también creaban urgencia y conversación en redes sociales. Muchas de estas ediciones se agotaban en cuestión de horas, reforzando el posicionamiento de la marca como divertida, creativa y cercana a la cultura pop.
La marca también entendió el poder de la escasez como estrategia de marketing. En lugar de mantener un catálogo estático, Dr. Squatch constantemente lanzaba productos limitados, convirtiendo cada lanzamiento en un evento. Esto no solo impulsaba ventas inmediatas, también generaba expectativa constante dentro de su comunidad, que comenzó a seguir la marca no solo por los productos, sino por el entretenimiento.
Ese enfoque alcanzó uno de sus puntos más virales en 2024, cuando la actriz Sidney Sweeney, conocida por Euphoria y The White Lotus, apareció en un comercial dentro de una tina de baño. El anuncio se volvió viral rápidamente, pero la verdadera estrategia surgió cuando los fans comenzaron a bromear en redes sociales sobre vender jabones hechos con el agua de la actriz. Dr. Squatch convirtió esa broma en una campaña real, lanzando una edición limitada de 5,000 jabones que se agotaron en minutos y posteriormente comenzaron a revenderse por cientos de dólares. Más allá del producto, la campaña demostró la capacidad de la marca para convertir memes en marketing y conversaciones en ventas.

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Sin embargo, el crecimiento también atrajo la atención de grandes corporaciones. En 2023, Dr. Squatch tuvo un conflicto con Unilever debido a la forma en que comparaba sus productos con los de la competencia. Aunque la marca tuvo que ajustar algunos elementos de su comunicación, el conflicto también reforzó su posicionamiento como alternativa a las grandes empresas, algo que fortaleció aún más su narrativa.
Lo más irónico ocurrió dos años después. En junio de 2025, Unilever anunció su intención de adquirir Dr. Squatch por aproximadamente 1,500 millones de dólares, con el objetivo de expandir la marca a nivel internacional. La empresa que había sido vista como una alternativa rebelde a las corporaciones tradicionales ahora se convertía en una adquisición estratégica para una de las compañías más grandes del mundo en productos de consumo.
La historia de Dr. Squatch demuestra algo que muchas marcas aún no comprenden: en la economía de la atención, el producto importa, pero la personalidad importa más. La marca no inventó el jabón natural, ni fue la primera en dirigirse al público masculino. Lo que hizo diferente fue su forma de comunicarse. Apostó por el humor, por la provocación y por el entretenimiento en un mercado que durante años había sido completamente predecible.
Porque al final, las personas no comparten productos… comparten contenido que les hace sentir algo. Y Dr. Squatch entendió que, en internet, hacer reír puede ser mucho más poderoso que intentar parecer perfecto. Jack Haldrup no solo construyó una marca de jabones, construyó una marca que entretiene, conecta y se recuerda. Y en un mundo saturado de publicidad, eso puede valer miles de millones.
Mira el resumen de Dr. Squatch en video.







